La rivalidad te puede llevar a la irreverencia


Nadab y Abiú un ejemplo a evitar

Levítico 10: 1-3

"Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.
Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.
Entonces dijo Moisés a Aarón: Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aarón calló".

La historia de Nadab y Abiú muestra una enseñanza en donde su principal objetivo es mostrar que las irreverencias no son gratas delante de Dios.

Nadab y Abiú los dos hijos de Aarón hermano de Moisés, se supone que como hijos de un sumosacerdote tendrían que tener el conocimiento necesario para no cometer irreverencias delante de Dios, pero lastimosamente no fue así.

La Biblia narra como estos dos muchachos tomaron su incensario y ofrecieron fuego extraño delante de Jehová. Un fuego extraño hoy en día puede simbolizar aquellas oraciones o acciones que realizamos para Dios, pero que no llevan como objetivo principal bendecirle u honrarlo.

En primer lugar es de subrayar que al ofrecer incienso delante de Jehová solo lo tenia que hacer una persona a la vez, al leer nos damos cuenta que los dos lo estaban haciendo, puede darse el caso de que posiblemente había rivalidad entre ellos a tal punto que se olvidaron de que aquel que se acerca a Jehová con un corazón sincero y transparente es premiado, pero aquel que ve el servicio a Dios como una oportunidad para competir se llevara una durísima lección.

Sin lugar a dudas en nuestras congregaciones siempre hay y habrá rivalidades, entre uno que otro líder de cualquier ministerio que sea. Los celos ministeriales son un mal que se debería exterminar en nuestras Iglesias.

En mi opinión creo que Nadab y Abiú competían por demostrar quien era el que mejor ofrecía fuego delante de Jehová, posiblemente también habían tomado un poco mas de vino de lo normal puesto que en el versículo nueve Dios prohíbe a Aarón el beber vino y sidra al entrar al Tabernáculo de reunión.

Al igual que Nadab y Abiú hay muchas personas que ven el servicio a Dios como una oportunidad para competir olvidándose del objetivo número uno que tendría que ser el glorificar a Jehová. ¿Cuántos de nosotros muchas veces hemos realizado una determinada tarea en la Iglesia y nos hemos olvidado de que es para Dios y lo hemos querido hacer mejor que los demás, para demostrar que somos mejores?, no me digas que nunca, porque en algún momento hemos cometido ese error.

La mejor muestra de los resultados que Dios permite cuando en un corazón no existe el mínimo deseo de honrarlo, sino mas bien de competir para verse mejor, es el caso de Nadab y Abiú, Dios lejos de agradarse por lo que ellos hacían delante de El, permitió que saliera fuego, que los quemo y en ese mismo instante murieron.

La irreverencia en el servicio a Dios es algo que El no permitirá, tu puedes tratar aparentemente de hacer algo bonito para Dios, pero El que pesa los corazones y conoce muy bien las intenciones que hay en el, sabrá con que finalidad realizas algo.

Amigo mío, no permitas que la rivalidad o el hecho de querer demostrar lo bueno que eres para algo, le quiten el primer lugar a Dios. Tu agradecimiento y tu reverencia tiene que estar ante todo, recuerda que lo que haces no lo haces para el hombre, sino que para Dios, recuerda que tu te debes al Señor y no a ninguna persona. Posiblemente muchos se quieran ver mejores que tu y te quieran hacer sentir de menos, pero no te preocupes, puesto que Dios que conoce los corazones y las intenciones que hay en el te sabrá dar una recompensa a tu servicio.

A lo mejor hay muchas cosas que hemos estado haciendo para competir, pero es momento de reflexionar en eso y de recordar que TODO lo que hago, lo hago para el Señor y si algo sale bien, es porque El te dio la gracia y el respaldo para lograrlo, no porque tu seas excelente para algo, sino mas bien la gracia de Dios en tu vida.

Cuida de llegar ante tu Padre con un corazón sincero y transparente, para que te puedas gozar en su Presencia.

Autor: Enrique Monterroza

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